lunes, 10 de mayo de 2010


La casa de arroz



Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN



A unos estudiantes de Uruguay se les ha ocurrido la insólita idea de crear el “hormigón ecológico”, material hecho a base de cáscara de arroz. Oído así, nos da por imaginar que los ladrillos fabricados con cáscara de arroz deben de ser muy propios para levantar las paredes de un restaurante especializado en paellas, lo cual no tendría sentido si, en lugar de cáscara de arroz, se utilizara cáscara de trigo o de centeno en la fabricación de los dichosos ladrillos. Estos últimos irían mejor para restaurantes que sirven gachas y migas.

Pero vayamos al asunto. Los estudiantes creadores del maravilloso hormigón, de quienes sus profesores deben de estar orgullosos y hasta seguramente les habrán concedido matrícula honor, tuvieron tan genial ocurrencia debido al problema detectado en la ciudad en que viven. Resulta que allí se queman todos los días toneladas de cáscara de arroz, lo cual hace que muchos conciudadanos sufran de los bronquios. Solución: emplear las cáscaras arroceras en la fabricación de hormigón. Y así, mezclando cáscaras de arroz con arena y cemento, salió el “hormigón ecológico”. Claro que el material no es lo suficientemente duro como para emplearlo en los cimientos de una casa; pero sí va de maravilla para techos y paredes, ya que el material protege de ruidos y humedades como pocos materiales de construcción lo hacen. Y además sale mucho más económico que los ladrillos y bovedillas convencionales, por lo que en aquellas latitudes tan ricas en pobreza ha sido muy bien recibida la idea.

Dados nuestros tiempos paupérrimos, no cabe duda de que ese bendito hormigón ecológico se fabricará también en España, suponemos que en Calasparra o en La Albufera, donde el arroz sale por un tubo. Tomen nota los paisanos: ya pronto nos construiremos una casa hecha a base de arroz.


(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

domingo, 2 de mayo de 2010


A huevazo limpio


Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN


El parlamento ucraniano más parecía esta semana el gallinero de la tía Ambrosia, al liarse los parlamentarios a huevazos unos contra otros. Allí todo era cuestión de huevos y, quien más tenía, más tiraba. Y menos mal que no había sartenes de por medio, que si no, hubieran sonado todas las cabezas a hueco, y no precisamente por culpa de las sartenes. Para protagonizar aquel espachurramiento tortillil, no se sabe de dónde pudieron los contendientes sacar tanto producto gallináceo en menos que canta un gallo o, más apropiadamente, una gallina, que es la que pone, mientras el parlamento propone y el gobierno dispone, a la vez que el fisco impone. Como no los tuvieran en los asientos…

Los de aquel parlancio huevero deben de estar ya preparados para estas kikiriqueras lides de corral, pues al instante sacaron paraguas antimisiles de los estrados, que ya echaban hasta humo. Es posible que tales artefactos antichorreantes los tengan allí por si hay goteras y así no se mojan sus señorías cuando llueve. En los parlamentos ucranianos todo es posible. Hasta es posible que las leyes las saquen a huevo, como debe de ocurrir en tantos países no tercermundistas.

Para tener la merienda completa, además de liarse a huevazos, los modélicos parlamentarios se repartieron tortas hasta en las partidas de nacimiento y se llamaron por los nombres de pila de una vecina que es pescadera en el mercado y que, en lugar de peces, debería despachar lengua con lejía.

Menos mal que estas trifulcas ovoides no se dan en el bendito y saleroso parlamento español, más que nada porque no hay gallinas que pongan huevos en los escaños, a pesar de los evidentes cacareos, aparte de que a ninguna de las señorías se le ocurre entrar con paraguas en el hemiciclo. ¿Para qué, si nadie tira huevos? Aquí todos los huevazos son verbales.
(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

sábado, 10 de abril de 2010


Ahorro y tacañería


Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN


Recientemente se ha dado a conocer una hipotética estadística que indica que los españoles ahorramos uno de cada cuatro euros que ingresamos, según argumentan ciertos noticieros. Eso es exactamente el 25% de los ingresos. De inmediato el pensador nato se pregunta: ¿Cómo es posible que en estos tiempos de severa crisis económica ahorremos los españolitos de a pie el 25% del sueldo, cuando en los añorados tiempos de bonanza a duras penas conseguíamos ahorrar el 10%? ¿Y cómo es que, habiendo subido tanto la vida, tantísimo el paro y no tanto el salario, ahora podemos ahorrarnos la cuarta parte del sueldo?

Otros noticieros exponen que ese 25% de ahorro se refiere a que no gastamos como antes. Es decir, que en lugar de 100 euros solo gastamos, que no despilfarramos, 75, y los otros 25 los cambiamos de bolsillo para lo que pueda surgir, que siempre surge y nos pilla como al que sale de la ducha. Bueno, por ahí ya nos entendemos mejor. A eso ya podemos llamarlo ahorro, aunque no nos entra en la cabeza cómo un honrado menestral, con la modestia de sus haberes, puede ahorrarse 25 euros en el pan suyo de cada día, a no ser que coma un 25% menos de lo que debe comer para seguir manteniéndose con fuerzas para trabajar.

Está demostrado que ahorrar no es otra cosa que tacañear con el dinero, al menos en lo que respecta a los pobres, que somos la inmensa mayoría. Los ricos, que viven gracias al sudor de los pobres, son tela de otro saco y eso del ahorro no es para ellos; lo suyo es la inversión.

Algo anda mal en los datos que nos han colado los señores de la estadística monetaria, ya que un 25% del dinero que se necesita para vivir, porque para superfluidades no alcanza, no puede ahorrarse así como así. Y, si acaso nos parece que ahorramos algo, finalmente viene el tío Sam con los impuestos y nos deja el saco vacío.

(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

lunes, 29 de marzo de 2010


Maletas voladoras


Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN


Si usted viaja en avión, lo cual es hoy día una auténtica proeza, más que nada por la cantidad de controles de seguridad que hay que sortear, debe tener presente que también su maleta vuela. O se la vuelan. Como 25 millones de maletas se perdieron en el 2009 en los aeropuertos del planeta; es decir, más o menos, media maleta por habitante de España. Ya dirán ustedes qué hace un español, por ejemplo, en Melbourne, con solo media maleta; o peor, sin la maleta entera. Con todo, queda el consuelo de que las maletas extraviadas en los aeropuertos han sido ocho millones menos que las que se “volatizaron” el año anterior. Se ve que, con el billete, el viajero tiene derecho a que se le pierda el equipaje. Uno se pregunta por el lugar al que van a parar tantas maletas extraviadas. Puede que incluso exista un país de las maletas donde hasta los políticos sean maleteros; pero entonces se perderían absolutamente todas las maletas del mundo.

Lo del extravío de equipajes en los aeropuertos es un verdadero misterio. Aquí Sherlock Holmes se volvería majara del todo. Hay viajeros que no se explican cómo, si ellos vuelan a Nueva York, su equipaje aparece en la península de Kamchatka. En estos casos lo mejor es coger el tren o el autobús, aunque no se vaya a Nueva York. Total, ¿para qué quiere uno ir tan lejos si al final se le pierde la maleta? Lo mejor es el AVE, ya que se le puede echar un ojo constante a la maleta, aunque vaya encajada en el techo. El autobús no tanto, pues el equipaje va metido en la panza y, cada vez que para en un pueblo, es de rigor mirar por la ventanilla, no sea que algún espabilado levante el bulto que no le corresponde. Así que, quien quiera disfrutar de un viaje sin sobresaltos maleteros, cualquier cosa menos el avión, donde encima le hacen pagar a uno por las maletas que ha de perder. Y además no para en ninguna tasca del camino para tomar un piscolabis.


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domingo, 21 de marzo de 2010


La España paupérrima

Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN

Los medios de comunicación destacan que el 30% de los españoles se quedan sin comer en la última semana del mes debido a que sus escasos ingresos no les alcanza ni para los artículos de primera necesidad. A este 30% hay que añadir otro casi 20% que vive muy por debajo del umbral de la pobreza y no percibe ingresos de clase alguna. Es decir, que media España es paupérrima o más que pobre. La otra media, la que sí puede vivir o ir tirando, es la que tiene que soportar la carga de los impuestos, aunque el IVA lo soporten hasta los pobres. Si ahora hay tanta gente que no puede llegar a fin de mes, cuando suba el IVA y con él los precios, ¿cómo se las ingeniará el 50% de España para malvivir peor de lo que lo hace actualmente?

Los comedores sociales y las cocinas económicas no pueden atender las cada día más infladas filas de quienes padecen hambre y no tienen un céntimo para pan. Las caritativas instituciones que intentan proveer de alimentos a tantos necesitados se las ven y se las desean para realizar el cotidiano milagro de la multiplicación del pan, aunque esté duro, y de la sopa, aunque esté aguachinada como la de una vieja, que bien sienta en épocas álgidas. Al refranero español se le olvidó precisamente incluir este refrán: “Sopa de vieja no alimenta, pero calienta”.

Aún más paupérrimos son aquéllos que carecen de un techo y se obligan a dormir en los bancos de la calle, en los soportales, en los recintos bancarios de los cajeros automáticos… Los que pueden considerarse más privilegiados, centenares de ellos, hallan cobijo en las salas de espera de los aeropuertos, bien repanchigados sobre los bancos o acurrucados, espalda a la pared o recostados en el suelo, en las zonas de tránsito menos aireadas. Desde los años de la posguerra no se ha visto semejante miseria. ¿Es que no existe una partida en el presupuesto nacional para socorrer a nuestros compatriotas de la España paupérrima?

(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

viernes, 12 de marzo de 2010


El paro solidario


Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN


La Junta de Andalucía afirma a través de su consejero de economía que muchas de las personas apuntadas al paro en Andalucía lo están “por solidaridad”. Esto del paro por solidaridad lo explica el vocero de la Junta en estos términos: “cuando un hombre se apunta al paro, su mujer y sus hijos se apuntan con él”. Y esa es la razón por la que, a su juicio, el paro en Andalucía roza el 30%. ¿Significa esto que, puesto que en una familia se apuntan dos o tres al paro, en realidad el paro en Andalucía es de solo el 15% y hasta del 10%? Algo de eso es lo que deducimos que da a entender la eminencia económica.

Según derivamos de las cavilaciones del consejero de la Junta, la disparatada crisis económica que atravesamos, y que atraviesa toda Europa y todo el mundo, en modo alguno puede generar un 30% de paro en Andalucía, por muy hundido que esté el mercado laboral. No señor. El paro no es tan alarmante (no lo será para los que se sientan en los despachos de la Junta y no salen a ver cómo está el panorama real). Lo que ocurre es que el resto de la familia del parado se acerca a la oficina de empleo (o de desempleo) y se apunta sin más en la kilométrica lista del paro “por solidaridad” con el cabeza de la casa, es decir, para que el hombre no se sienta tan solo y así la pena compartida disminuye de tamaño. Pero la pena sigue siendo más grande que lo que hay bajo muchos sombreros.

¿Ha pensado el señor consejero que hoy día, para poder pagar la elevada hipoteca de una casa y mantener una familia y costear los estudios de los hijos, se precisan al menos dos y hasta tres sueldos? ¿Ignora el señor consejero que el sueldo de un obrero no alcanza ni al tobillo de un alto funcionario? Por esa razón en una casa deben trabajar todos o casi todos; y, si alguno se queda sin trabajo, lo razonable es que se apunte al paro por necesidad y no por solidaridad.

(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)

viernes, 26 de febrero de 2010


El IVA de la oliva


Por JESUS ANTONIO SAN MARTIN


Dice el humorista Don Chirigo que la oliva es el único producto alimenticio que tiene el IVA incorporado por naturaleza. La oliva, y particularmente su retoño el aceite –típicos productos andaluces-, seguramente se dispararán a partir de julio de este año 2010 debido a la espectacular subida del IVA que hemos de soportar los ciudadanos españoles. Es patente que los grandes acaparadores del producto lo incrementarán en más del doble o el triple de lo que les suponga el IVA, aparte de elevar el precio neto. Y hasta se prevé que unos meses antes de la subida del impuesto, en esta primavera, el aceite escasee en las tiendas debido a que los especuladores lo mantendrán oculto, en espera del disparo económico.

Bruselas estima que el incremento del IVA previsto por el ente gubernativo puede ser fatal para la ya mermada economía española. Indiscutiblemente, las ventas de todo género, no solamente las de los productos alimenticios, bajarán a niveles más alarmantes que los actuales, especialmente las ventas de los artículos que no son de primera necesidad. Los grandes economistas auguran tiempos catastróficos para los consumidores españoles si el jinete apocalíptico del IVA campea a sus anchas por los prados ya resecos de la economía hispana.

Las oficinas de empleo –más de desempleo que de empleo- se verán obligadas a ampliar sus instalaciones, lo cual, paradójicamente, puede ser bueno para bajar en una enésima parte la cuota de paro, al tener que contratar más personal para atender a tanto parado como se prevé para después del verano del 2010. Y eso que, como suelen asegurar los presidentes de gobierno, “lo peor de la crisis ya ha pasado” porque “España va bien”. Respecto a esta última frase, lo que en realidad se quiere decir en términos tributarios es que “España, IVA, bien”.

(Artículo de contraportada de los semanarios de Publicaciones del Sur)